Carbono
Calor agradable con bajos costes de calefacción
Los sistemas de calefacción por infrarrojos instalados en el suelo, la pared o el techo distribuyen un calor agradable con bajos costes.
El secreto: un revestimiento de carbono innovador
Las soluciones de los sistemas de calefacción de carbono pueden emplearse como calefacción de suelo, pared o techo y utilizan el mismo método que nuestro sol: la beneficiosa radiación infrarroja. Además de un clima interior excepcionalmente saludable, nuestros productos convencen por sus bajos costes de funcionamiento y de inversión.
Todos nuestros productos están impresos en toda su superficie con un revestimiento de carbono patentado y emiten radiación infrarroja al aplicarles tensión, igual que nuestro sol. Esto ocurre en cuestión de minutos y proporciona la máxima eficiencia y homogeneidad térmica. Calentamos suelos, paredes y techos con tres productos distintos, perfectamente adaptados a cada zona.
¿Qué es exactamente la radiación infrarroja?
La radiación infrarroja es, en pocas palabras, radiación térmica. Puede entenderse como una onda electromagnética, y su longitud es decisiva. Una onda muy corta sería la de los rayos X, peligrosa para las personas. Una onda muy larga sería una onda de radio. Entre ambas, con una longitud media, se sitúan las ondas de la radiación infrarroja. Su particularidad: nos calientan.
Conocemos este fenómeno cuando en un día frío nos situamos en un lugar soleado y sentimos el calor agradable del sol en la cara: hace frío, pero bajo los rayos nos sentimos a gusto. Muchas personas confunden la radiación ultravioleta con la infrarroja. Ambas proceden del sol, pero eso es lo único que tienen en común. La radiación UV consiste en ondas más cortas y es la responsable de que la piel se broncee o enrojezca. Las ondas infrarrojas, en cambio, son más largas y, además de calentar, tienen efectos saludables que se aprovechan terapéuticamente en dolencias musculares y articulares.
¿Cómo calienta un edificio la radiación infrarroja?
Nuestros productos de calefacción por infrarrojos tienen dos características que los distinguen de otros tipos de calefacción. Primero, son sistemas de calefacción de superficie: el suelo, las paredes o el techo calientan la estancia sin radiadores ni elementos salientes. Segundo, la radiación infrarroja calienta principalmente los objetos y no el aire, como ocurre en todos los sistemas basados en convección.
Cuando todas las paredes, el suelo y el techo tienen la misma temperatura, nos calentamos según el principio de transferencia de calor. La segunda ley de la termodinámica establece que siempre que dos objetos de temperatura distinta se encuentran próximos, se produce un flujo de calor del cálido al frío, que persiste hasta igualar ambos niveles. Las personas percibimos una temperatura ambiente de 20 a 22 grados centígrados como muy agradable, ya que corresponde a nuestra temperatura superficial vestidos y apenas se produce intercambio de calor.
Cómo se reparte el calor por la estancia
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En la imagen de la izquierda se ve una habitación sin calefacción, en la que la pared izquierda está equipada con una calefacción mural de carbono.
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Al encenderla, la pared se calienta uniformemente hasta la temperatura ajustada en el termostato y cede energía térmica a las demás paredes, objetos y personas de la estancia.
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Las paredes, los objetos y las personas absorben parte de esa energía y a la vez ceden parte del flujo recibido: este efecto se denomina radiación secundaria.
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Esto se repite hasta que todas las paredes, los objetos y la superficie de las personas alcanzan la misma temperatura; solo entonces cesa el flujo de compensación. El aire no se calienta directamente.
Aspectos médicos
Los beneficios terapéuticos de la radiación infrarroja se conocen desde hace mucho. El calor tiene un efecto curativo y calmante sobre el dolor, las inflamaciones, las molestias articulares y las tensiones musculares, y refuerza el sistema inmunitario. La radiación infrarroja penetra solo ligeramente en la piel, pero cede el calor de inmediato a las capas de tejido contiguas. A través del torrente sanguíneo y linfático, el calor alcanza también regiones más profundas y los órganos internos. La evaluación de diversas mediciones de vitalidad y bienestar, como el volumen sanguíneo y la variabilidad de la frecuencia cardíaca, atribuye a la radiación infrarroja un efecto reductor del estrés.
El principio de calentamiento de una calefacción por radiación infrarroja se corresponde con el de la radiación solar natural, que la salud y el organismo humano también reclaman en la vivienda.
Estudio del laboratorio biofísico Paul Sommer
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