Comparación
La comparación con otros sistemas de calefacción
Mientras la calefacción por infrarrojos calienta todo menos el aire, en la calefacción por convección ocurre justo lo contrario, con consecuencias que pocos conocen.
La gran diferencia entre una calefacción por infrarrojos y una convencional basada en convección es la forma de repartir el calor. Mientras la primera calienta todo menos el aire, en la segunda ocurre justo lo contrario.
El radiador calienta el aire que tiene al lado. Ese aire asciende hasta el techo, pierde temperatura de forma constante camino de la pared opuesta, desciende hasta el suelo y regresa finalmente al radiador. Se establece así una circulación de aire que calienta todo el aire de la estancia: eso es la convección. Este sistema, conocido y muy extendido, tiene sin embargo una serie de inconvenientes que la mayoría desconoce.
Calefacción por agua
Clima interior
Al calentar el aire cambia también la humedad. El resultado es el aire seco de la calefacción en invierno. Las consecuencias son la desecación de la piel y de las mucosas, y aumenta el riesgo de resfriados.
Levantamiento de polvo
Para mejorar el rendimiento, los radiadores tienen un diseño con lamas que acelera más el aire. Se levanta mucho polvo y se reparte por toda la estancia, también en el aire que se respira.
Alergia al polvo doméstico
La circulación del aire no solo levanta polvo, sino que reparte por la estancia los excrementos de los ácaros que viven en él. Por eso las personas alérgicas tienen grandes problemas sobre todo en la temporada de calefacción.
Humedad
El aire caliente absorbe más humedad que el frío. El vapor de agua condensa siempre en el punto más frío de la estancia: en invierno suelen ser las ventanas y las paredes.
Moho
La combinación de aire caliente y humedad en una pared es el medio ideal para el moho. Las esporas están presentes de forma natural en el aire y se reparten por la estancia con la circulación. Si la habitación está caliente y la pared fría, se depositan allí.
Estratificación del aire
El aire caliente que asciende y el frío que desciende crean una estratificación con distintos niveles de temperatura. Este efecto se conoce coloquialmente como «cabeza caliente y pies fríos» y se percibe como incómodo.
Ventilar
Se emplea un esfuerzo considerable en calentar el aire: quemar un combustible, calentar agua, transportarla al radiador. Pero para un clima agradable hay que ventilar con regularidad, y con ello se pierde toda esa energía.
Inercia del sistema
Un radiador sigue calentando hasta 30 minutos y necesita unos 10 minutos para alcanzar la temperatura al volver a encenderlo. El agua es buen acumulador de calor, pero lo cede lentamente. Por esa inercia se desperdician grandes cantidades de energía durante la temporada de calefacción.
Mantenimiento y reparación
Estos sistemas requieren un mantenimiento anual, por ejemplo para cambiar filtros obstruidos, además de la visita del deshollinador. A ello se suman las posibles reparaciones por desgaste. Quedan, por tanto, costes anuales de conservación.
Calefacción eléctrica
Suelo radiante eléctrico
Bajo el pavimento se coloca un hilo, de forma parecida al suelo radiante por agua. Al circular la corriente se calienta muchísimo y calienta su entorno. El método es ineficiente, porque el hilo caliente debe elevar antes la temperatura de todos los huecos intermedios para que se note un aumento. La técnica consume además mucha energía.
Acumulador nocturno
Se calientan acumuladores con electricidad nocturna más barata y ceden su calor a las estancias, normalmente con ventiladores integrados. Este método es igualmente muy ineficiente y poco económico. Por eso su prohibición vuelve una y otra vez al debate político.
Concertar una llamada
Estudiamos su casa, hacemos el cálculo comparativo y le decimos qué elementos le compensan y cuáles no.